NO MOTIVES A TUS COLABORADORES-Ensamble Espiritual-Episodio 19
humberto@beeon.co
Probablemente te han hecho creer que un buen líder es aquel que mantiene motivado a todo su equipo permanentemente.
Hoy te invito a deshacerte de esa pesada creencia que te desgasta.
Además de no ser bueno para tí, no es bueno para tu equipo y, de hecho, es un acto de irrespeto hacia ellos y un desconocimiento de su poder.
Mira todo el contenido y dime qué opinas? Cómo puedes usar esta información para ponerla en práctica en tu empresa?
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Si tienes personas a cargo, probablemente has sentido alguna vez el peso silencioso de creer que tu trabajo consiste en mantener motivado a todo el mundo. Tal vez has pensado que, si tú no impulsas permanentemente a tu equipo, las cosas simplemente dejarán de funcionar. Y aunque esa idea parece lógica, en realidad puede convertirse en una de las cargas más agotadoras y destructivas del liderazgo.
Imagina por un momento esta escena:
Tus colaboradores van dentro de un bus que sube una colina. Ellos conversan, ríen, disfrutan el viaje y la pasan bien. Pero ese bus tiene una característica particular: no tiene motor. La única razón por la que avanza es porque tú vienes atrás, empujándolo con todas tus fuerzas.
Empujas el bus porque crees que ese es tu trabajo como líder. Aunque te duelan los brazos, aunque estés agotado, aunque sientas que el corazón se te va a salir del pecho, sigues empujando porque piensas que de ti depende que los demás estén bien, felices y comprometidos.
Hasta que llega un día en que simplemente no puedes más.
Te detienes. Sueltas el bus. Y entonces ocurre lo inevitable: el bus comienza a irse colina abajo. Las personas dejan de disfrutar, entran en caos y empiezan a saltar buscando otro vehículo que las lleve a continuar ese paseo que antes parecía tan agradable.
Eso es exactamente lo que ocurre cuando un líder asume que su responsabilidad es motivar a sus colaboradores.
Cuando tú crees que debes motivar permanentemente a tu equipo, te conviertes en el motor. Y el problema es que ningún ser humano tiene la capacidad infinita de sostener durante toda la vida la energía emocional de otras personas.
Más grave aún: al asumir ese papel, terminas desconociendo el verdadero poder de quienes trabajan contigo.
Porque tú no lideras máquinas. Lideras seres humanos.
Y los seres humanos tienen conciencia, capacidad y poder. Tienen la posibilidad de encontrar dentro de sí mismos la energía, el entusiasmo y el deseo de dar lo mejor. Por eso, creer que las personas solo pueden funcionar si alguien las motiva externamente es, en el fondo, una forma de irrespetarlas, porque implica asumir que no poseen la capacidad de impulsarse a sí mismas.
Un buen líder entiende algo fundamental: la motivación es una responsabilidad individual.
Entonces, ¿cuál es el verdadero papel del líder?
Inspirar.
Inspirar no es cargar con el peso emocional de todo el equipo. Inspirar es convertirse en una chispa. Es ayudar a encender ese fuego interior que ya existe en cada persona. Es facilitar el proceso para que cada colaborador conecte consigo mismo, con su energía, con su entusiasmo y con su deseo genuino de aportar. Entonces cada uno enciende su propio motor. La persona ya no se mueve porque alguien la empuja. Se mueve porque quiere hacerlo. Porque encuentra sentido. Porque siente pasión. Porque entiende para qué hace lo que hace.
Cómo inspirar al equipo?
Aquí aparece uno de los conceptos más importantes dentro de la inteligencia espiritual corporativa: el trabajo con significado.
Así que, si quieres inspirar de verdad a las personas, necesitas ofrecerles un trabajo que tenga significado. Y para lograrlo existen tres elementos fundamentales:
1. Ten un propósito organizacional inspirador, trascendente y absolutamente claro.
El propósito no es una meta. Tampoco es una misión ni una visión. El propósito es una dirección permanente. Es el camino que una organización decide recorrer continuamente. Es como decir: “vamos hacia el norte”. Nunca llegas al norte; simplemente continúas caminando en esa dirección.
Cuando una organización tiene un propósito claro y trascendente, ocurre algo extraordinario: atrae naturalmente a las personas que vibran con él y aleja a quienes no conectan con esa esencia. Y eso es positivo, porque no tiene sentido construir organizaciones llenas de personas desconectadas de aquello que les da alma.
Pero tener un propósito hermoso no basta.
2. Da a conocer tu propósito, dentro y fuera de la organización.
Muchas organizaciones tienen propósitos maravillosos escritos en una pared, en una presentación corporativa o en la página web, pero cuando uno le pregunta a las personas cuál es el propósito de la empresa, nadie sabe responder.
Y si nadie lo conoce, nadie puede inspirarse con él.
El propósito tiene que ser vivido, comunicado y sentido por toda la organización. Las personas deben conocerlo porque es precisamente eso lo que enciende el fuego interior y genera orgullo de pertenecer.
Pero además, el propósito no solo debe ser conocido internamente. Debe ser conocido por todo el ecosistema: clientes, proveedores y comunidad. Cuando el ecosistema se enamora del propósito de una organización, comienza a suceder algo poderoso. Los clientes quieren trabajar contigo. Los proveedores quieren ayudarte a cumplir esa misión. La comunidad quiere apoyar.
Es como si la organización ganara caballos de fuerza adicionales.
El motor ya no depende únicamente del líder. Ahora hay muchas personas empujando en la misma dirección porque creen en aquello que la organización representa.
3. Asegúrate de que absolutamente toda la organización gire alrededor del propósito.
Este es quizá el elemento más importante de los tres. No sirve de nada tener un propósito inspirador si la cultura, los indicadores, los procesos, la compensación y el liderazgo van en una dirección completamente distinta.
La cultura organizacional debe honrar el propósito. Y la cultura se construye desde los valores y los comportamientos cotidianos. Los valores son los ladrillos de la cultura, y por eso es fundamental fortalecer aquellos que están alineados con el propósito organizacional.
También es indispensable que los KPIs/OKRs estén conectados con ese propósito. Los indicadores deben ayudar a saber si la organización realmente avanza en la dirección del propósito o si se está desviando del camino. Incluso el lenguaje de esos indicadores debería reflejar el propósito. Idealmente, cualquier persona que vea los indicadores de la empresa debería poder entender cuál es el alma de la organización, incluso si nadie se la explica.
Los procesos también deben alinearse. Muchas veces las empresas están llenas de burocracia que termina frenando aquello que dicen querer construir. Todo proceso que no ayude a avanzar hacia el propósito necesita ser revisado, corregido o eliminado.
La compensación es otro punto crítico. Existe una frase muy poderosa: “la compensación define el comportamiento”. Si una organización recompensa comportamientos contrarios al propósito, inevitablemente obtendrá resultados contrarios al propósito.
Y finalmente está lo que le da sustento a todo: el liderazgo.
Los líderes deben convertirse en guardianes del propósito. Personas capaces de inspirar desde el ejemplo, desde la coherencia y desde una auténtica vocación de servicio.
Pero todavía falta algo esencial: comprender los talentos únicos de cada colaborador.
Cada persona posee capacidades particulares que la orientan hacia su propósito personal. Cuando un líder conoce esos talentos, puede ayudar a ubicar a cada persona en el lugar donde realmente puede florecer. Porque cuando alguien utiliza sus talentos naturales para realizar su trabajo, no solo obtiene mejores resultados: también disfruta profundamente lo que hace.
Y ahí ocurre la verdadera alineación.
La persona comienza a preguntarse: “¿de qué manera puedo usar mis talentos para honrar el propósito de esta organización?”. Cuando alguien responde esa pregunta con claridad, aparece naturalmente el entusiasmo, la alegría y la energía interior. Ya no hace falta empujar. La motivación surge desde adentro.
Por eso, el verdadero liderazgo no consiste en cargar eternamente el bus de los demás. Consiste en crear las condiciones necesarias para que cada persona descubra su propio motor.
Y cuando una organización tiene un propósito inspirador, un ecosistema conectado con él, una cultura alineada y personas que logran unir su propósito personal con el propósito organizacional, entonces ocurre algo extraordinario: la inspiración, el entusiasmo y la motivación florecen de manera natural en cada miembro de la organización, impulsando los resultados de forma sostenible.
Eso es parte de lo que significa desarrollar la Inteligencia Espiritual en la organización.
Así que si quieres poner en práctica la inteligencia espiritual corporativa en tu área o en tu organización ponte en contacto conmigo.
Que tengas un día extraordinario!