LA MEJOR ESTRATEGIA DE RESPONSABILIDAD SOCIAL EMPRESARIAL-Ensamble Espiritual-Episodio 14
humberto@beeon.co
En este episodio te hablaré de “La mejor estrategia de Responsabilidad Social Empresarial”, y te adelanto algo desde ya: no es una idea cómoda ni políticamente correcta.
No estoy para contarte lo que quieres hoy, sino lo que necesitas escuchar
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Te voy a compartir lo que considero la mejor estrategia de responsabilidad social empresarial. Es simple, honesta y poderosa. Y también te advierto algo desde el inicio: esta idea no le va a gustar a todo el mundo. Está bien. Bienvenido el debate, sobre todo ese debate que activa el pensamiento crítico, nos incomoda un poco y, precisamente por eso, nos ayuda a crecer.
Hoy muchas empresas —especialmente las pequeñas— viven angustiadas porque no tienen los recursos para diseñar grandes estrategias de responsabilidad social empresarial. Sus clientes les piden certificaciones, reportes, sellos, campañas, programas “verdes” o iniciativas sociales visibles. Y ante esa presión, muchas sienten que están fallando.
La ironía es que, mientras tanto, cada vez más empresas invierten enormes recursos —económicos y de marketing— en iniciativas de responsabilidad social empresarial. ¿Por qué? Lamentablemente, en muchos casos, porque se volvió una moda.
Cuando la RSE se convierte en fachada
Seamos honestos: una parte importante de la responsabilidad social empresarial se ha transformado en una estrategia defensiva. Una forma elegante de mejorar la imagen corporativa y reducir riesgos reputacionales, más que un compromiso real con generar un impacto positivo en el mundo.
Un estudio menciona que el 76% de los empresarios reconoce que sus iniciativas de responsabilidad social empresarial están pensadas principalmente para mejorar su imagen y proteger su reputación. No para transformar la realidad.
A esto ya le pusieron nombre: greenwashing. “Lavar en verde”. Y aunque el término nació ligado al medio ambiente, hoy describe algo mucho más profundo: una forma de lavar culpas. Culpa por el impacto negativo que muchas organizaciones generan en sus colaboradores, en sus proveedores, en sus clientes, en la comunidad, en el entorno natural y, a veces, incluso en los países donde operan.
Empresas con ambientes laborales tóxicos que hablan de bienestar.
Empresas que exprimen proveedores mientras publican discursos de sostenibilidad.
Empresas que entregan productos mediocres mientras hablan de propósito.
Empresas que incumplen obligaciones básicas y luego hacen filantropía para “compensar”.
El mercado ya no es ingenuo. Un 44% de las personas no cree en las iniciativas de responsabilidad social empresarial de las empresas con las que interactúa. Porque una cosa es lo que se dice en campañas y otra muy distinta lo que se vive en la experiencia real con la organización.
La propuesta incómoda: deja de hacer RSE
Y aquí viene la parte que puede resultar chocante:
mi invitación es a que dejes de lado tus iniciativas de responsabilidad social empresarial.
Sí, así como lo lees.
Deja de lado las iniciativas cosméticas, los programas desconectados del negocio, la filantropía superficial. Y enfócate en algo mucho más profundo y transformador: vivir tu objeto social de manera honesta y responsable.
Más allá del cumplimiento legal.
Más allá de la caridad ocasional.
Más allá del marketing.
Si tu empresa se vuelve cada vez más competente para servir mejor al mercado, si tus productos y servicios realmente mejoran la vida de tus clientes, si creas un entorno de confianza donde las personas pueden desarrollar su máximo potencial, si tratas a tus proveedores como aliados y no como enemigos, si eres un buen vecino en la comunidad donde operas, si pagas tus impuestos con integridad… entonces no te preocupes: ya eres una empresa socialmente responsable.
El mundo es mejor gracias a lo que haces.
No necesitas hacer nada más.
¿Quieres además hacer filantropía? Perfecto.
¿Quieres apoyar causas sociales adicionales? Bienvenido.
Pero que sea un “además”, no una cortina de humo.
Capitalismo: el sistema más cooperativo que existe
Esta visión conecta directamente con una idea que me apasiona: el capitalismo consciente. O mejor dicho, con el capitalismo bien entendido.
El capitalismo no es el problema. El problema es cuando se distorsiona. Porque, en esencia, el capitalismo es el sistema más libre y cooperativo que existe.
Todo comienza con alguien que decide emprender porque quiere resolver un problema. Esa persona invierte y arriesga libremente su tiempo, su dinero, su energía y su talento. Luego invita a otros a sumarse: colaboradores que eligen libremente participar del proyecto. Después aparecen proveedores que confían y se asocian. Más tarde, clientes que deciden comprar porque reciben valor.
Todo es cooperación voluntaria.
Todo es intercambio de valor.
Y como consecuencia natural, se crea riqueza.
Parte de esa riqueza vuelve a la sociedad en forma de impuestos, esa “vaca común” que permite financiar el bien común. Es un modelo hermoso, potente y profundamente humano… hasta que entra el miedo.
Cuando el miedo lo distorsiona todo
El sistema se daña cuando el miedo y la falta de conciencia toman el control. Miedo a no ser sostenibles. Miedo a perder. Miedo a no ganar lo suficiente.
Entonces se empieza a restar valor:
Productos peores de lo que podríamos ofrecer, trato agresivo a los colaboradores, desconfianza permanente, proveedores ahorcados, comunidades ignoradas y obligaciones evadidas.
Ahí sí nos volvemos empresas socialmente irresponsables. No por falta de campañas, sino por deshonrar nuestra función social.
Y ningún programa de RSE puede compensar eso.
La verdadera responsabilidad social
La verdadera responsabilidad social empresarial no se diseña en el área de comunicaciones. Se vive en cada decisión diaria. En cada relación. En cada intercambio de valor.
Ser socialmente responsable es ser un capitalista consciente.
Es alinear la empresa con un propósito trascendente.
Es desarrollar la dimensión espiritual de la organización.
Es crear una cultura centrada en las personas.
Es ser vehículo para el despertar de la conciencia de los colaboradores.
Cuando una organización responde con honestidad al “para qué” existe y alinea todas sus acciones con ese propósito superior, no necesita adornos. Está cumpliendo su rol en el mundo.
El mundo no necesita limosnas corporativas.
Necesita empresas íntegras.
Y cuando eso ocurre, créeme:
el mundo lo agradece.
Las personas lo sienten.
Y la empresa florece.
Qué opinas?